BDSM para principiantes: cómo empezar con seguridad
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No hace falta ser experto para acercarse al BDSM, pero conviene saber por dónde empezar. Esto es lo que significa, qué roles existen y cómo empezar con calma, respeto y seguridad.
Quizá llevas tiempo pensándolo, quizá una fantasía te despierta curiosidad desde hace poco. En ambos casos estás en buena compañía: el deseo de jugar con el poder, con los roles y con las sensaciones está mucho más extendido de lo que se cree. Para empezar no hacen falta accesorios caros ni años de experiencia: hacen falta curiosidad, comunicación y un poco de método. Esta guía de BDSM para principiantes te acompaña en los primeros pasos.
Qué significa BDSM
BDSM es una sigla que reúne tres pares de palabras: bondage y disciplina, dominación y sumisión, sadismo y masoquismo. Bajo este paraguas caben prácticas muy distintas. Algunas son físicas, como atar o ser atado. Otras son sobre todo mentales, como dar y recibir órdenes o interpretar un rol durante una noche.
Lo que tienen en común es el consentimiento. Quien cede el control lo hace por elección, dentro de unos límites decididos juntos y con la posibilidad de pararlo todo en cualquier momento. Eso es lo que distingue el BDSM de la violencia: las mismas acciones, sin un acuerdo claro, no son un juego.
No existe una forma correcta de vivirlo. Hay quien lo considera un ingrediente de la vida en pareja, quien una experiencia ocasional, quien una parte importante de su identidad. Y no tiene por qué gustarte todo: la mayoría de las personas descubre que le atraen unas pocas cosas concretas.
Los roles: dominante, sumiso y switch
Para orientarse es útil conocer los roles más comunes. No son etiquetas que se eligen de una vez para siempre, sino puntos de referencia para entender qué te atrae.
- Dominante: quien dirige el juego, toma las decisiones y asume la responsabilidad del bienestar de la otra persona durante la escena.
- Sumiso o sumisa: quien elige ceder el control, dentro de unos límites acordados, y encuentra placer en entregarse.
- Switch: quien se reconoce en ambos roles y los alterna según la persona, el momento o el estado de ánimo.
También oirás hablar de top y bottom, es decir, de quien realiza una acción y de quien la recibe. No siempre coinciden con dominante y sumiso: quien se somete, por ejemplo, puede recibir la orden de atar a su pareja. Además, el rol vale dentro del juego. Fuera de la escena sois dos adultos en igualdad, con los mismos derechos y el mismo respeto.
Informarse antes de probar
El primer paso es leer, escuchar y hacer preguntas. Existen libros, guías, cursos y talleres impartidos por personas expertas, y grupos de aficionados dispuestos a contar su experiencia. Cada práctica tiene sus normas de seguridad: conocerlas de antemano te evita sorpresas desagradables.
Toma con pinzas las películas, las novelas y los vídeos para adultos. Están hechos para entretener, no para enseñar, y casi nunca muestran la parte menos espectacular pero más importante: la conversación antes, los controles durante, los cuidados después. Quien los imita sin esa parte corre el riesgo de hacerse daño o de hacer daño.
Hablar de fantasías y límites
Toda experiencia empieza con una conversación. Hay que tenerla en frío, lejos del momento de intimidad, cuando ambos podéis decir que no sin sentiros culpables. Puede parecer poco romántico, pero es ahí donde nace la confianza.
Una herramienta sencilla es la lista «sí, no, quizá». Cada uno, por su cuenta, divide las prácticas en tres grupos: las que le gustaría probar, las que descarta y aquellas sobre las que tiene dudas. Luego comparad las listas y empezad por lo que aparece entre los «sí» de ambos. En la conversación aclarad al menos estos puntos:
- los límites absolutos, es decir, lo que no queréis hacer en ningún caso;
- los límites relativos, es decir, lo que podríais probar con calma y en ciertas condiciones;
- la palabra de seguridad (safeword), la que lo para todo al instante;
- posibles problemas de salud que puedan influir en el juego;
- qué necesitaréis después para recuperar la calma.
Cuenta con sinceridad cuánta experiencia tienes. Decir «es la primera vez» no es una debilidad: es una información valiosa para quien juega contigo.
Empezar poco a poco
Las primeras experiencias deberían ser breves, ligeras y sencillas. Una sola novedad cada vez: una venda en los ojos, las muñecas sujetas con las manos, un juego de rol con pocas reglas. Así tenéis tiempo de entender cómo reaccionáis y de parar sin dificultad.
Elegid un momento de calma y de lucidez. El alcohol y las drogas reducen la capacidad de valorar los riesgos y de darse cuenta de que algo va mal: mejor dejarlos fuera. Si tienes problemas de salud, por ejemplo de corazón, de circulación o de articulaciones, háblalo con tu pareja y, ante la duda, con un médico.
Después de la escena, tomaos un tiempo para el aftercare: un abrazo, un vaso de agua, una manta, dos palabras sobre cómo ha ido. Al día siguiente volved a hablarlo: qué os ha gustado, qué cambiaríais, qué os gustaría probar.
Los munch: conocer a la comunidad en persona
Un munch es un encuentro informal entre aficionados al BDSM en un lugar público, normalmente un bar, un pub o una pizzería. No se juega y no hace falta ropa especial: se charla, se hacen preguntas y se conoce a gente con los mismos intereses. Para quien empieza, es una de las mejores formas de entrar en el ambiente.
Puedes ir aunque solo sea para escuchar. Rigen algunas normas no escritas: discreción sobre a quién encuentras allí, solo nicknames o nombres de pila, ninguna presión sobre quien prefiere quedarse al margen. Y si alguien a quien acabas de conocer insiste en verte enseguida en privado, ya tienes una información útil sobre esa persona.
Los errores más comunes
Algunos tropiezos son tan frecuentes que conviene conocerlos de antemano:
- Comprar enseguida equipo caro, antes de saber qué te gusta de verdad.
- Creer que quien domina puede decidirlo todo: los límites se acuerdan juntos y valen para ambos.
- Jugar sin palabra de seguridad, contando con entenderse sobre la marcha.
- Hacer una sesión en la primera cita con una persona a la que acabas de conocer.
- Saltarse el aftercare o desaparecer justo después de la escena.
- Forzar tus propios límites para impresionar o para no decepcionar.
- Fiarse de quien se presenta como experto y exige obediencia antes incluso de conocerte.
Cuando te sientas preparado o preparada para conocer a alguien, en Corda Rossa puedes publicar un anuncio en la categoría que te represente y escribir con claridad que estás empezando: las personas serias lo agradecen. Tómate tiempo para hablar en el chat de la web antes de quedar y lee las normas, que ponen en primer lugar el consentimiento, los límites y la palabra de seguridad.